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CULTOS

El roble juega un gran papel en la mitología popular, sobre todo como árbol de virtudes medicinales. El roble sana a los enfermos sólo frotándose contra su tronco o durmiendo sobre sus ramas. Cuando un niño, por ejemplo, padece de una hernia o de otra enfermedad, hienden el tronco de un roble de cuatro a seis años de manera que permita pasar al niño por la abertura. El padre del niño se pone de un lado y la madrina del otro, después pasa el primero al niño desnudo y lo recoje la madrina, que una vez fajado se lo entrega a la madre. Después se ata fuertemente el tronco del árbol y si éste cierra, es señal de que cura el niño y, en caso contrario, la enfermedad no tiene remedio alguno. La importancia que el roble tiene para el pueblo gallego indica bien que fue un árbol unido a las primitivas prácticas religiosas.

Otro aspecto importante en sus prácticas religiosas era el culto a los antepasados. El celta tenía temor al alma de los que ya no existían. Hoy el campesino gallego cree que las almas andan errantes en torno de la morada de los hombres, él guarda el religioso temor en su corazón que le causa la aparición nocturna del alma de sus antepasados. El religioso temor a los antepasados es instintivo, tanto en el hombre del campo como en el de las ciudades, y su respeto a los antepasados también. Siente dolor si habla de los que amaba y han partido para siempre. Cuando habla de los muertos se nota que nunca se rompe la misteriosa cadena que une el padre al hijo, ni en la vida futura, ni en la tierra, ni en el reino de las sombras, que siguen unidos, aunque son invisibles. Mientras uno vive es evidente que conserva en sí mismo y en su propia vida psíquica algo que pertenece a los que ya no son y vienen a ser como si fueran uno mismo. La muerte no es nunca para la gente campesina el completo aniquilamiento, ni la separación eterna: siempre creyeron que la muerte era sólo un instante de suave tristeza y no más que un momento en toda la vida. Pronto volverán a unirse, pronto se hallarán en aquellos misteriosos lugares en que deben encontrarse los que se amaron para no separarse jamás.

Otro culto importante es el del fuego. El rasgo esencial de la antigua adoración del fuego va unido al culto universal del hogar. En un culto se cubre el fuego todas las noches y se enciende el del día siguiente con el de la víspera. Dejarlo morir es un sacrilegio y se paga caro. Si por descuido el fuego Ilega a apagarse, es grande el disgusto que se apodera de la familia, pues la desgracia persigue ya de cerca la casa y a los que la habitan. Para que esto no suceda, cuidan con notable esmero de mantenerlo vivo durante todo el año. El fuego debe ser encendido con maderas blancas. Símbolo de la pureza. El fuego del hogar puede también significar la unión. Así, si el hombre solicita ante el fuego a la joven, ésta responde: "Home, que nos ve õ lume!" Con esta frase lo personifican y le dan una conciencia y lo miran como ser superior al cual no debe ofenderse.

El fuego reúne las afecciones más caras al hombre, sobre todo al hombre primitivo ya que él confunde, en un mismo generoso abrazo, el respeto a los antepasados, el amor a la descendecia, la adoración al elemento que simboliza todo cuanto es grato a su corazón y compendia todas sus predilecciones. El hogar es la patria del hombre, los de su sangre son su pueblo, su dios el fuego que arde sobre la piedra del hogar, vivo y eterno mientras la familia dura. La función del fuego se entiende primero como protector de la familia y después como dios.

Era cosa corriente que desde el día de Navidad hasta el primero de enero ardiese en el hogar el gran leño que tenía el nombre de Tizón de Navidad. Según la creencia popular, sus cenizas eran buenas para curar calenturas, para ellos la enfermedad por excelencia. En este culto se puede hoy ver una manifestación y es que con ella continuaba el culto del los antepasados y el druídico de la encina. Es probable que el tizón se encendiera para que el fuego fuese más vivo en aquellos días de regocijo y que las almas de los padres viniesen a visitar a los suyos, tuviesen un calor más grande y un más puro. Así tiene un doble símbolo, el de la integridad de la familia y el de la adoración de los dioses.

En el mismo sentido, se puede destacar el culto del agua, que tiene la función de ser creadora y purificadora, un símbolo de la nueva vida. Venus, o Afrodita, sale de las espumas del mar en la mitología griega, la cual fue influida por la mitología celta. Pero esta no es la única influencia ya que en la religión cristiana, en la Biblia, el diluvio purificó la tierra de los pecados de los hombres. El agua de lluvia es sagrada por venir del cielo, de los dioses. Con este agua la naturaleza puede crecer. Las fuentes son sagradas porque se ven en su espejo verdades sobre uno mismo que no se pueden ver de otra manera. Todavía hoy tenemos "fuentes" sagradas, se ve en cada iglesia católica: el agua bendita. Todas las aguas están pobladas de genios y espíritus protectores. En la noche de San Juan las aguas corrientes tienen una doble virtud: sanan a la gente y, en esta noche feliz, se realizan todas las maravillas y milagros cuando uno está cerca de un río. La virtud más alta la tiene el mar, que limpia nuestro cuerpo de los gérmenes, de las enfermedades y de demás impurezas.

Pero los diversos cultos no acaban aquí sino que hay que seguir mencionando otros como el de los astros. En la doctrina céltica la noche precede al día y así el astro nocturno toma sobre el diurno una importancia que sirve para señalar la antigüedad de todos aquellos mitos en que la luna aparece como superior al sol. Se dice que la noche es devorada porque en realidad las eternas tinieblas del caos, la larga noche de la creación, solo pudo ser disipada por la luz todopoderosa del sol. Todo cuanto se refiere al astro solar, le presenta como principio activo, como señor, como único, mientras que la luna es mostrada como principio pasivo, como vencida, como esposa, en una palabra como secundaria. En un romance se describe el nacimiento y el curso diario del astro rey: el día va en su carro, aparece como una cosa inmaterial diversa del sol que le sigue. Pueblan la noche las almas en pena a las cuales guía un ángel triste con todo su acompañamiento de trasgos y visiones. Amanece, y otro ángel hermosísimo va disipando las sombras y con ellas huyen y se ocultan los malos espíritus apareciendo entonces en el horizonte el día, sentado en un carro resplandeciente. Las horas personificadas en hermosas vírgenes, le acompañan en grupos de cuatro en cuatro. Las de la mañana le preceden, van a su lado las del mediodía, y de las de la tarde tres danzan alrededor de él. Detrás de la primera carroza aparece la que es tirada por dos enormes leones y en la cual el astro rey aparece personificado en un hermoso mancebo con barba y cabellos de un rubio dorado, de los cuales salen los rayos solares. Así permanece la imagen del astro rey, o del sol, como astro superior.

La luna está unida al principio femenino. Cuando se trata de un culto de la luna, la mayor parte de los anatemas se refieren a actos ejecutados tan solamente por mujeres. La luna y las estrellas son también símbolos del amor y la fortuna. La fortuna cambiando como también cambian los astros que se creen inmutables, se compara con los astros, con lo que hay de más mudable en la tierra, con el amor y la fortuna.

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